11.02.2018
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Hay veces que apenas recuerdo la razón que me impulsó a abrir un blog de música hace casi diez años. DIEZ AÑOS. Únicamente, lo recuerdo de vez en cuando y siempre, cuando se dan las mismas circunstancias: estoy en un concierto y de repente, una canción me empieza a hacer inmensamente feliz. Nunca sé cuándo va a ocurrir. Da igual cuál sea mi canción favorita, no importa lo que haya dicho antes, hay momentos en los que una canción en la que apenas te habías parado, te elige a ti.

El camino fácil fue la canción que me eligió este fin de semana. Fue ella la que, con suma maestría y respeto, adelantó por la izquierda a mi favorita y decidió emocionarme, porque sí. La canción que me hizo llorar de felicidad en La Riviera, como hacía mucho tiempo que no hacía. La canción que me recordó que no importa que sea el mismo grupo, los mismos músicos, las mismas canciones, incluso el mismo lugar. Todo eso da igual porque nunca es el mismo concierto.

Hacía mucho tiempo que no tenía la oportunidad de ver al mismo grupo tocando durante tres noches casi seguidas y esta semana, hacerlo con Sidecars ha sido una de las experiencias musicales más bonitas que he vivido en los últimos meses. Llevan tocando juntos algo más de tiempo que lo que tiene este blog -a mi no me importa llamarlo blog, en lugar de web- y he tenido la suerte de ver y compartir varias etapas de su vida en las que a veces, estaban más lejos y otras, más cerca, pero siempre, de algún modo, estaban. Nunca fui su mayor fan, lo reconozco. El principio de Sidecars nunca llegó a engancharme, y quizá por eso, ahora digo con voz firme -y orgullosa de ello- que Sidecars me encantan. Es algo que siempre quise decir. En algún momento de estos últimos años, todo cambió, -y no, no fue por lo que algunos podríais intuir-. Todo cambió en Contra las cuerdas. Fue como una revelación. La llamada de Sidecars. Aquel disco cambió todo, y ese grupo al que había visto en directo varias veces, pero nunca había llegado a engancharme del todo, se empezó a convertir en uno de mis favoritos, de la noche a la mañana. No solo eran las canciones, era mucho más. A día de hoy, sigo sin saber explicarlo.

Cuestión de gravedad  tenía una misión muy importante para mi. Llegó hace unos meses para demostrar que Contra las cuerdas no era una excepción, que el camino que se abría por delante en la carrera de Sidecars era el correcto. Y ya, con estas tres Rivieras, nos han lanzado un aviso muy claro: “Coged la maleta más grande que guardéis bajo la cama porque el camino sí que es el correcto, pero además, el viaje va a ser muy largo”.

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